Durante años, la inversión en vivienda fue vista como la opción más segura dentro del sector inmobiliario. Sin embargo, el panorama ha cambiado. El auge del sector industrial en México —impulsado por el nearshoring y la relocalización de empresas extranjeras— ha colocado a la tierra industrial como una de las alternativas más rentables y estables para los inversionistas que buscan diversificar su capital y asegurar un crecimiento sostenido.
A diferencia del mercado habitacional, donde los precios tienden a estabilizarse o depender de ciclos urbanos y crediticios, los lotes industriales se benefician directamente del crecimiento de la actividad productiva y logística. Zonas como el norte de México, especialmente Nuevo León, están experimentando una demanda histórica de terrenos destinados a la construcción de naves, bodegas y parques industriales. Esta tendencia ha generado una plusvalía constante, respaldada por factores reales como la llegada de nuevas plantas, la creación de infraestructura y la consolidación de corredores industriales estratégicos.
Otro punto a favor de la tierra industrial es su liquidez a mediano plazo. Mientras que una vivienda puede requerir meses para concretar una venta, los lotes industriales suelen tener alta rotación entre inversionistas, desarrolladores y empresas que buscan expandir su operación. Esta dinámica convierte a la tierra industrial en un activo más flexible, capaz de adaptarse a distintas estrategias de inversión: desde la compra para reventa, hasta la participación en proyectos de desarrollo o renta a largo plazo.
Además, el retorno sobre inversión (ROI) suele ser superior al de otros segmentos inmobiliarios. En regiones como Salinas Victoria, Apodaca o Escobedo, los precios por metro cuadrado han mostrado incrementos anuales sostenidos, impulsados por la instalación de empresas internacionales que buscan ubicaciones con buena conectividad, disponibilidad de servicios y mano de obra calificada.
En un entorno económico donde la estabilidad y la rentabilidad se han convertido en prioridades, invertir en tierra industrial representa una decisión estratégica: un activo tangible, de bajo riesgo y con un potencial de crecimiento respaldado por la demanda real del mercado.
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